Guraso eskola: Tyler DeWitt “Hey profesores de ciencias, háganlo divertido”

Atala: Guraso eskola/Hezkuntza Egilea:

Tyler_DeWitt

Zientziako irakasle honek testu liburuek erabiltzen duten hizkuntza “serioa” eta “perfektua” kritikatzen du eta ulergarriagoa eta dibertigarriagoa den beste hizkuntza baten alde hitz egiten du. Kasu honetan, zientziaren esparrua da berak aipatzen duena, baina beste esparrutan antzeko zer edo zer esan daitekeela iruditzen zaigu.

Transkripzioa

Les voy a contar una historia.

Es mi primer año como profesor de ciencias en la escuela secundaria y estoy muy ansioso. Muy entusiasmado, dando todo de mí en la planificación de las lecciones. Pero de a poco estoy llegando a la conclusión espantosa de que tal vez mis alumnos no estén aprendiendo nada.

Un día pasa esto: Le di a la clase un capítulo del libro de texto para leer sobre mi tema favorito de toda la biología: los virus y cómo es que atacan. Me entusiasmaba discutir esto con ellos, y llego y pregunto: “¿Alguien puede explicarme la idea principal y por qué es tan genial?”

Silencio total. Finalmente, mi alumna favorita me mira directamente a los ojos, y dice, “La lectura estuvo espantosa”. Y luego aclaró diciendo. “Usted sabe, no quiero decir que sea espantosa. Sino que no entendí una sola palabra. Es aburrida. Um, a quién le importa, es espantosa”.

Oigo sonrisas cómplices por todo el salón, y me doy cuenta de que el resto de mis alumnos están en la misma situación y que quizás tomaron notas o memorizaron definiciones del libro pero ninguno realmente entendió la idea principal. Ninguno de ellos puede decirme por qué esto es tan genial y por qué es tan importante.

Estoy completamente desconcertado. No tengo idea de qué hacer. Entonces lo único que se me ocurre es decir, “Escuchen. Les voy a contar una historia. Los personajes principales de la historia son bacterias y virus. Estos muchachos explotan un par de millones de veces. Las verdaderas bacterias y virus son tan pequeños que no se pueden ver sin un microscopio, y tal vez ustedes conocen las bacterias y los virus porque ambos nos enferman. Pero lo que muchos no saben es que los virus también enferman a las bacterias”.

Ahora, la historia que empiezo a contarle a mis alumnos empieza como una historia de terror. Había una vez una pequeña bacteria feliz. No se encariñen mucho con ella. Probablemente esté flotando en su estómago o en alguna comida estropeada, y de pronto, no se empieza a sentir muy bien. Quizás almorzó algo en mal estado, y entonces las cosas se ponen realmente mal cuando su piel se desgarra y ve un virus salir de sus entrañas. Y luego se pone muy feo cuando estalla y un ejército de virus se desborda desde sus entrañas. Si, —¡Correcto, ouch!— Si ven esto, y son una bacteria, esta vendría a ser su peor pesadilla. Pero si son un virus y ven esto, crucen las piernitas y piensen, “Somos lo máximo”. Porque tomó mucho trabajo infectar a esta bacteria. Esto es lo que tuvo que suceder. Un virus se aferró a una bacteria y metió su ADN en ella. Después de eso, el ADN de ese virus hizo cosas que rompieron el ADN de la bacteria. Y ahora que nos deshicimos del ADN de la bacteria, el ADN del virus toma el control de la célula y le ordena que comience a producir más virus. Porque, verán, el ADN es como un plano que le dice a los seres vivientes lo que deben producir. Esto es un poco como ir a una fábrica de autos y reemplazar los planos con los de robots asesinos. Al día siguiente los trabajadores vuelven, hacen su trabajo, pero ahora siguen instrucciones diferentes. Entonces reemplazar el ADN de la bacteria con el del virus convierte a la bacteria en una fábrica de virus, es decir, hasta que se llene de virus y estalle. Pero esa no es la única forma en la que un virus infecta una bacteria. Algunos son mucho más astutos. Cuando un virus agente secreto infecta una bacteria, hacen un poco de espionaje. Aquí, este virus agente secreto encubierto está infiltrando su ADN en células bacterianas, pero aquí está lo curioso: no hace nada dañino, al menos al principio. En cambio, se infiltra silenciosamente en el ADN de la bacteria, y solo se queda allí como una célula terrorista durmiente aguardando instrucciones. Y lo interesante es que cuando esta bacteria tiene hijos, esos hijos también tienen dentro el ADN del virus. Así que ahora tenemos toda una gran familia de bacterias llena de células de virus durmientes. Viven allí felizmente hasta que llega una señal y —¡Bam!— todo el ADN se desparrama. Toma el control de esas células y las convierte en fábricas de virus y todas estallan, toda una gran familia de bacterias muriendo con virus que salen de sus tripas, virus que toman el control de las bacterias. Ahora entienden cómo es que los virus atacan las células. Hay dos formas: a la izquierda, lo llamamos el ciclo lítico, en el cual los virus entran y toman el control de las células. Y a la [derecha] el ciclo lisogénico que usa virus agentes secretos.

No es tan difícil, ¿verdad? Y ahora todos ustedes lo entienden. Pero si se han graduado de la secundaria, les puedo casi garantizar que ya han visto esta información. Pero apuesto a que se la presentaron de un modo que no les quedó exactamente guardado en la cabeza.

Entonces cuando mis alumnos comenzaron a aprender esto, ¿por qué lo odiaban tanto? Bien, hubo un par de razones.

En primer lugar, les puedo asegurar que sus libros de texto no decían nada de virus agentes secretos, y no tenían historias de terror. Ya saben, en la comunicación de la ciencia hay cierta obsesión con la seriedad. Me mata. No estoy bromeando. Solía trabajar para una editorial educativa, y como escritor, siempre se me dijo que nunca usara historias, bromas o lenguaje atractivo, porque entonces mi trabajo podría no verse “serio” y “científico”. ¿Verdad? Es decir, porque Dios prohíbe divertirse cuando se aprende ciencia. Tenemos este rama de la ciencia donde todo es acerca de baba y cambios de colores. Miren esto. Y luego tenemos, por supuesto, como cualquier buen científico debe tener, ¡explosiones! Pero si un libro de texto parece demasiado divertido, de alguna forma es no científico.

Otro problema es que el lenguaje de los libros de texto era realmente incomprensible. Si queremos resumir la historia que recién les conté, podríamos comenzar diciendo algo como, “Estos virus hacen copias de sí mismos infiltrando su ADN en una bacteria”. El modo en que esto aparecía en el libro era más o menos así: “La reproducción bacteriófaga se inicia mediante la introducción de ácido nucléico viral en una bacteria”. Genial, perfecto para alumnos de 13 años.

Pero este es el problema. Hay muchísima gente en la educación científica que leería esto y diría que no hay forma de presentarle esto a los estudiantes porque contiene cierto lenguaje que no es completamente preciso. Por ejemplo, les dije que los virus tienen ADN. Bien, una fracción muy pequeña de ellos no lo tienen. En cambio, tienen algo que se llama ARN. Entonces un escritor científico profesional subrayaría eso y diría, “Esto hay que sacarlo. Tenemos que cambiarlo por algo mucho más técnico”. Y después de que un equipo de editores científicos profesionales hayan revisado esta explicación tan sencilla, encontrarían errores en casi todas las palabras que he usado, y tendrían que cambiar todo lo que no fuese lo suficientemente serio, y todo lo que no fuese 100 % perfecto. En ese caso sería correcto, pero completamente imposible de entender. Esto es horrible.

Saben, yo sigo hablando de esta idea de contar una historia, y es como si la comunicación científica hubiese adoptado esta idea de lo que yo llamo la tiranía de la precisión, donde no se puede simplemente contar una historia. Es como si la ciencia se hubiese convertido en ese horrible narrador que todos conocemos, que nos da detalles que a nadie le interesan, algo como, “Ah, me encontré para almorzar con mi amiga el otro día, y ella llevaba unos jeans feos. O sea, no eran realmente jeans, sino más bien leggings, pero, como, supongo que eran algo así como jeggings, como, pero creo…”, y uno piensa, “Ay, por Dios. ¿Cuál es la idea?” O peor aún, la educación científica se está convirtiendo en ese tipo que siempre dice, “De hecho”. ¿Cierto? Y uno quisiera decir, “Oh, amigo, tuvimos que levantarnos en medio de la noche y conducir 160 km en completa oscuridad”. Y el tipo dice, “De hecho, fueron 160,93 km”. Y uno piensa, “De hecho, ¡cállate! Solo estoy tratando de contar una historia”.

Porque la buena narrativa se basa en una buena conexión emotiva. Tenemos que convencer al público de que lo que estamos diciendo es importante. Pero es igual de importante saber qué detalles deberíamos omitir para que la idea principal se entienda igual. Me recuerda lo que dijo el arquitecto Mies van der Rohe, y parafraseo, cuando dijo que a veces uno debe mentir para decir la verdad. Creo que esta opinión es especialmente relevante para la educación científica.

Finalmente, con frecuencia me decepciono tanto cuando las personas piensan que estoy abogando por simplificar la ciencia. Eso no es cierto. Actualmente estoy haciendo un doctorado en el MIT, y entiendo perfectamente la importancia de una comunicación científica detallada entre expertos, pero no cuando se está tratando de enseñar a muchachos de 13 años. Si un estudiante joven piensa que todos los virus tienen ADN, eso no va a arruinar sus posibilidades de éxito en ciencias. Pero si un joven estudiante no puede entender nada de ciencia y aprende a odiarla porque suena siempre así, eso sí arruinará sus posibilidades de éxito.

Esto debe parar, y ojalá que este cambio viniese de las instituciones más importantes que están perpetuando estos problemas, y les ruego, les suplico que paren ahora mismo. Pero creo que es poco probable. Somos muy afortunados de tener recursos como internet, donde podemos eludir estas instituciones de abajo hacia arriba. Existe un creciente número de recursos en línea que se dedican simplemente a explicar la ciencia de manera sencilla y comprensible. Sueño con una página similar a Wikipedia que explique cualquier concepto científico imaginable en un lenguaje sencillo que cualquier alumno de secundaria pueda entender. Y yo mismo paso la mayor parte de mi tiempo libre haciendo estos videos científicos que publico en YouTube. Explico el equilibrio químico usando analogías de bailes escolares incómodos y hablo de pilas de combustibles con historias acerca de niños y niñas en un campamento de verano. Los comentarios que recibo a veces están mal escritos y a menudo acompañados de “lolcats”, pero aún así son tan complacidos, tan agradecidos, que sé que esta es la manera correcta de comunicar la ciencia.

Aún queda muchísimo trabajo por hacer, sin embargo, si ustedes están involucrados en ciencia de alguna manera los insto a unirse a mí. Tomen una cámara, comiencen a escribir un blog, lo que sea, pero dejen de lado la seriedad, dejen de lado la jerga. Háganme reír. Hagan que me importe. Dejen de lado esos detalles molestos que a nadie le interesan y simplemente lleguen al punto. ¿Cómo deberían comenzar? ¿Por qué no dicen, “Oigan, les voy a contar una historia?”

Gracias.

(Aplausos)

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